viernes

MARINERO POETA

"Embelesada, sobre las piedras
sueña la barquilla, que un marinero
venía limpiando la orilla
entre espumas blancas
lo traían las olas
las "CANCIONES DEL PIRATA"
en vez de una caracola.
Cuando soplaba "EL VIENTO DEL SUR"
la "MAREJADA" era Literatura
y el faro destelleando luz
vestían su Caleta
cual si plata pura.
Los cantes del Beni de Cai
los bautizastes de caracolero
disfrazastes los amores
de "PEPA DEL MENTIDERO"
en "LAS MIL Y UNA NOCHES
DE TU HORTENSIA ROMERO".
Del Carnaval
tu fuiste pregonero
y de Nerón te cachondeaste
tu corona de mojarras
ceñía en tu frente ¡QUE CHIRIGOTERO!
¡Qué te importaba el planeta
si eras el Nobel caletero!
Mirando al mar
en las auroras escritas están tus notas
y a la orilla vuelven cada día
buscándote las gaviotas.

martes

Yo soy pelota de ping pong...

Inconstante y absurda,
irregular, accidentada,
Olvidadiza, despistada, torpe
mediocre a media jornada,
brillante solo a veces,
instintiva, fría y calculadora.
Una mala primera impresión,
sudaderas XL, vaqueros gastados,
desaliñada, pelirroja,
metro setenta de miedo y dudas.
Corriente como nadie,
especial como todos,
guitarra y voz,
intento de acertadas notas de piano,
ilustradora de imposibles,
contadora de mentiras
intento de literata.
Inmadura, el conejo blanco
que siempre llega tarde,
enamorada de los sábados por la mañana.
Nostálgica, renacentista,
ilusa, roja, amarilla y morada,
viajera, transoceánica.
Friolera, inconformista,
parlanchina, la sonrisa
de las diez de la mañana
mojada en leche con cola cao.
"Yo no soy yo,
soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pié cuando yo muera".

lunes

And now... Silence

Lo que esconde tu silencio
palabras rotas sobre un lienzo gris;
valores secos, heridas frías
que se llevan tu aliento.
El silencio esconde todo el dolor
reprimido, miles de engaños
ahogados en lágrimas sin consuelo.
Tu silencio juega con tus fracasos
más severos a aplastar furiosas promesas
incumplidas contra tu pecho,
historias doloridas.
En la quietud de la tormenta,
las estrellas se ausentan
y se esconden bajo un plato
de soledad y misterio.
Y calles abarrotadas de entes
inertes que sólo buscan un lugar
donde vomitar su absurda
y amarga tristeza.
Tienes el alma tan fría
que se han congelado tus sueños
en el regocijo de tu estómago vacío.
Desvencijada caja de resonancia,
desvalorizada por desnutridas convenciones.
Credo de perderlo todo sin darte cuenta.
Que te castigas entre traicioneros reflejos
y te purgas de toda esperanza
mientras Ana te sujeta el pelo.

martes

Tú sí que sabes bailar.

Burbuja de deseo, melodía real como soñada
Bailando con la fantasía sobre unas converse del 8 y medio.
Te imagino tumbado sobre el cráneo del sol
En ajetreo contínuo, entregado al círculo de llamas
Que corona el éxtasis en torno al banquete del amor,
Donde corren ríos de miel y se ahoga la agonía
Entre tus piernas aún tibias sobre el lienzo de la mañana.
Nidadas de caricias salvajes despiertan en lo más profundo del bosque,
Las miradas que volcaran sobre tu piel todas.
El temblor que inició tu delirio,
Pupilas que despiertan sobre tus hombros,
Ansiosas pinceladas de deseo.
Abrazo de mil enredaderas trepadoras,
Mi corazón resonante de música new age,
Tambor noctámbulo bajo tu piel.
Lagos de gemidos se escapan de los labios
Y al final la noche rompe en pequeños pedazos
El grito sempiterno, secreto tan bien guardado.
Sed que ya se apaga, fuego sofocado, sangre liberada,
Delicia en el pulso de tus muñecas y sábanas de sudor y saliva.
Aquí yaces; remoto, vertebrado, apolínea y dionisíaca figura
Que tambloroso desata los nudos en la penumbra inquieta.
Esta mañana se balancea el olvido en The Dark Side of the Moon,
Sueño de una noche de verano, secreto de bolsillo.
Y locura. Locura y quimera.

lunes

Nieve en polvo

A él no le gustaban tus medias de rayas, por eso te las arrancaba a la menor ocasión.
Esa noche aparcó la impersonalidad en zona de residentes, y barrió tu vergüenza a lo largo de los siete pisos, y alabó la desnudez de tu alma sobre un colchón Flex y la cubrió de húmedos elogios.

Esa noche descubriste cuan amplio es el mundo y el calor que dsprende el sol, esa noche tu cintura albergó un mar de mentiras que se agolparon en tu boca para no salir jamás. Y sudor y éxtasis y delirio.
Y en el bosque de sábanas de seda tú seguías notando lo firme que era su pasión entre tus piernas, hasta que todas las emociones se fundieron en un inconsistente sueño. Y volvisteis a dormir de espaldas; tú contando naufragios en el gotelé de la pared y él repasando la alineación de algún equipo de fútbol femenino del norte de Europa. Suecia tal vez. Porque Suecia es fría y porque te gustaban las descargas eléctricas que recorrían tu columna vertebral cada vez que su gélido aliento chocaba contra tus inseguros labios. Incluso te hacían gracia los comentarios frivolamente malintencionados del vecino de al lado, que en vano intentaba acallar las embestidas del carísimo cabecero de ébano contra el vasto muro de las lamentaciones.

domingo

"Se dice que la pasión le hace a uno pensar dando rodeos".

Queman estas teclas las yemas de mis dedos. Es un ponzoñoso placer el volver a escribir; es una necesidad descargar tantas y tan variadas sensaciones, pensamientos y emociones sobre el papel. Pero, como ya he dicho, las teclas hacen que mis dedos ardan con la facilidad de la yesca. Quizás sea el castigo por haber abandonado tan adorado vicio. Pero; ¿qué más da, si lo escrito es efímero y el silencio sólo atrae la tempestad? La muerte es el único silencio eterno. La acción es tan inútil como la gloria pues, ganemos o perdamos, este mundo no tiene ningún valor y la única sabiduría se elabora en el tejido del desprecio.
Hacía días que no dormía, y noches también. Tal vez esta sea la definitiva. O sí. O no. O visigodos, ¿quién sabe? Pero quizás por el capricho de la divina providencia, o por el trastorno que produce en mi el olor del café expreso, Él estaba allí, en el mismo andén. En MI andén. Y, maldita sea, no podía hacer otra cosa más que mirarle. Su apolínea figura me hizo olvidar lo terrible y dionisíaco de este mundo. Su ropa impecablemente negra; su piel, perfecta, por supuesto. Una recortada barba cubría parte de su rostro, juntándose con las patillas que se perdían en el pelo, un tanto largo y descuidado. Sus ojos grises (o tal vez azules) e inquietos estudiaban cada movimiento que sacudía la estación. Capricho del destino, sus ojos grises o azules, o grises y azules, se reflejaban ahora en mis comunes ojos castaños. Sentí que su mirada escrutaba cada centímetro de mi cuerpo. Llegó un tren y subió, perdiéndose entre el gentío. Iba a acercarme al andén y a gritar, pero un cartel me prohibía aproximarme a la línea amarilla. Si le hubiera hecho caso a todo lo que he visto escrito, ya hubiera enmudecido hace mucho tiempo. Y me subí al tren. ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿De qué otra manera hubiera podido calmar mi ansia? ¿No se estaba haciendo mi cama demasiado pequeña a la vez que se iba ablandando? Es este sentimiento de angustia y desazón el que dirige y legitima nuestras desesperantes vidas; lo cuál es bastante irónico. Al igual que el que mi cama sea demasiado blanda, a la vez que demasiado punzante, cada noche más. Y demasiado pequeña y tan solitaria que me parece tan vasta y desierta como un cenagal de Frisia. Le seguí. Me senté frente a él y abrí al azar el libro que ocupaba un hueco entre mi cartera y mis ganas de vivir; El Retrato de Dorian Gray "de qué me sirve saber de dónde vengo si aún no sé para dónde voy". Todo belleza y frivolidad. Sin embargo, nunca está de más frivolizar, pues en un mundo tan trascendental, la hipocresía empapa hasta el último de los estratos de cada uno. ¿Por qué, sino por temas de lo más frívolos, había yo subido a un tren equivocado con destino a “nosédónde”?
Se apeó en la siguiente parada y corrió a abrazar a una chica. Yo seguí andando y respirando con aceleración ascendente. Tanto empeño puse en no mirar que mi frente fue a dar contra un poste telefónico. Quiso la fatalidad que acabara en el centro de salud más cercano con todos mis miedos cosidos con diez puntos a mi testa. “El castigo purifica”. ¿Y si esa chica no era otra que su hermana o en su defecto su prima? ¿Y si, tal vez, las gafas de Gucci me habían fallado y no acerté a ver bien? ¿Y si el sol de este día nublado y gris me había cegado? ¿Y si todos los habitantes del continente asiático saltaran al mismo tiempo, cambiaría el planeta de órbita?
Y volví a casa, derrotada, con la cabeza palpitando incansablemente. Y volví a encerrarme entre las cuatro aborrecibles paredes color crema. Paredes color crema que rezuman ponzoña color crema. Volví a ser Alicia en el País de las Maravillas. Atrapada en un mundo sin sentido, ignorante y a punto de ser quemada o peor, decapitada. Me hubiera gustado saber cómo podría Schopenhauer sacarme de mi miseria personal. Sin embargo, los placeres, los sentimientos, son tan relativos… Las cosas no son tan malas ni tan buenas. Las cosas tan sólo nos lo parecen en la medida en la que afectan a nuestro ánimo. Estaba tocada, pero no hundida. Constreñida, dolida o no, YO era Alicia y no una esclava del reloj. Y así dejé de pensar en el chico que no fue, ni es, ni será mi Adonis.
Cai con relativa facilidad en los brazos de Morfeo (que no en los de Baco), depositando mis pensamientos sobre la almohada, a ver si se perdían como lágrimas en lluvia. “Mañana será otro día”. O no. ¿Quién sabe?
Y al lunes le siguió el martes, un bis del primero y que traería consigo al miércoles como estribillo. Maldita y cómoda rutina… Y algún día, miraremos todos hacia el cielo: los no tan niños, las madres y los economistas; y no veremos más que la estela de aquel barco que partió y cruzó los cielos, tripulado por piratas con los ojos de un azul grisáceo, poniendo rumbo a la tercera estrella a la derecha, todo recto y hasta el amanecer.

Políticas de infancia

"Teníamos doce años
Y era la democracia
El derecho a revolcarse por los parques,
A comer caramelos los domingos…

El comunismo se daba algunas tardes
En que la lluvia construía
Charcos con ranas para todos,
En las que Rocío repartía
Besos para cuantos los necesitábamos.

Teníamos doce años
Y el fascismo era el maestro
Con cálculos y godos,
Con truenos de palmetas y tortazos,
Y castigos mirando a la pared
Como quien mira los jardines de Dogville,
Las casas de Manderlay.

Teníamos doce años
Y el capitalismo consistía en acumular
Todas las sonrisas de Lucía,
O en tener el monopolio de miradas de la Laura.

El anarkismo se daba si te rebelabas
Y no hacías los deberes,
O desafiabas la hora impuesta de llegada
Por tus padres,
O faltabas a misa los domingos…

Teníamos doce años,
Y era un socialismo utópico la infancia
Que empezaba a corromperse
En nuestros cuerpos,
Que empezaba a pudrirse en nuestras almas".