jueves

Interrail



Noches como éstas,
Con París al fondo de las botellas
Y Manhattan derritiéndose
En los hielos últimos de la Ginebra.
Milán surgiendo
En el cristal de bronce
De una nueva copa,
Londres bajando por los escotes
De las camareras,
Y Venecia, OH Venecia,
Naciendo, llameante,
En el Crepúsculo de cristales y
músicas de un nuevo brindis.

domingo

Ortografía

Sentada en el punto de la i
De un mal poema,
Te miro.
Llegas lleno de interrogaciones,
Pongo un signo de exclamación
En tu cintura,
Con faltas de ortografía
Sobre el cabello,
Con la diéresis, del pecho,
Insinuante.
En la primera coma
Te paras y me miras,
En el segundo diptongo
Te atreves a besarme,
Y luego puntos suspensivos,
Y después punto y aparte.

miércoles

Give me Time

Cambiaría el mundo desde la "M" hasta la "O";
reescribiría la historia de Romeo y Julieta, Eco y Narciso, Yoko y Lennon.
Pintaría sonrisas en cada boca de alcantarilla;
echaría abajo el senado con semicorcheas blindadas;
correría los 500 ásperos kilómetros que me separan del mar.
Nadaría en ríos de tinta; me broncearía bajo la luna en cuarto menguante;
abriría todas las jaulas y quebraría las cadenas de tu vergüenza.
Sería una "bandwoman" y soñadora a tiempo completo;
recorrería Irlanda en bici y cruzaría el estrecho en busca del sol.
Cantaría en los pasillos del metro "Like a Rolling Stone";
tomaría un taxi a ninguna parte, cerraría todos los bares y "Bark at the Moon".
Colgaría el cartel de "agotado" en todas las librerías; coleccionaría billetes de avión
y cocinaría a fuego lento todas tus miradas para devorarlas entre horas.
Caminaría en línea recta y cruzaría el horizonte un millón de veces;
aprendería una palabra nueva cada día y sería capaz de hablar en chino.
Y tal vez aprendería repostería o artes marciales,
para defenderme de los golpes bajos de la vida; o quizás algunos cócteles
para emborrachar al tiempo y encadenarlo a la barra del bar.

He perdido el mojo...


...entre sonrisas desdentadas,
en oscuros callejones de adoquines rotos.
Se ahoga en cerveza negra,
en lencería barata, nubes de alquitrán,
el monte de Vulcano, las bragas de Venus.
Sé que se acuesta con alguna mala puta de labios de neón;
sus gritos comprados llaman a mi puerta los días pares
y las musas los impares vomitan sus versos al viento del este,
que van a parar al río de la miel,
y se clavan hasta el tuétano de este verso.

martes

Y entonces, despertamos

Fue un instante sin fin,
Sin tiempo para soñar,
Un laberinto
De inhóspitas circunferencias
En las aguas profundas
Que acunan
Fantasmas de humo,
Cigarrillos consumidos,
Polvo de estrellas,
Canciones en prosa
y pájaros que no cantan.
Fueron tiempos en que la locura,
Murmurando su tonada estival
Se follaba a la adusta libertad
En colchones de rizados nenúfares
Entre los suspiros de libélulas
De chocolate amargo.
Fue un otoño homicida,
Un caminar de bruces
Sobre la espalda de las hojas
Perdidas en el letargo de los siglos.
Sollozan las luciérnagas
Exiliadas en la sombra del deseo,
La ausencia de la luz oscurecida.
Y las ranas,
De hierba en hierba,
Amaban a la luna
Todas las noches.

sábado

El único poeta verdadero es el soñador

¿Qué son los sueños? Pues una desordenada disposición de recuerdos inconexos, una embrollada sucesión de pensamientos que una vez estuvieron presentes en la conciencia insomne. Es una resurrección de todos los muertos en tropel (justos e injustos, nuevos y antiguos) que, emergiendo de sus tumbas resquebrajadas -con las mismas ropas que llevaban en vida-, corren desordenadamente para conseguir una audiencia del director de todo ese baile mientras se desgarran los vestidos unos a otros, allá donde se pudren las hojas de los otoños perdidos.

miércoles

Hoy no pienso pasar el aspirador

Debajo de mi cama,
junto a una montaña de calcetines,
la desesperación de un beso tardío,
juegan los gnomos con las ociosas pelusas.
Corren, saltan, ruedan,
hacen el amor tras las patas carcomidas,
peinan y colorean sus melenas
 con tintes otoñales de hojas
secas, caídas, olvidadas y pisadas;
corrigen las faltas de ortografía de intentos de poesía
arrugados, doloridos, rasgados, tatuados
en tinta negra escupida por un bic de 60 céntimos;
colocan el polvo en las estanterías, 
sepultan bajo él los libros gastados, 
desvaídos, incomprendidos, asexuados; 
distraen al gato, le atusan los bigotes 
y charlan con sus malas pulgas;
esconden mis zapatillas grises
y me recuerdan he de actualizar el antivirus. 
Y por las noches ofrecen en sacrificio ácaros vírgenes 
afincados en mi alfombra azul; 
y juran ante el altar de Lewis Carroll 
obediencia absoluta y total dedicación 
al desorden, el rock&roll y la cerveza.