miércoles

El discurso fanático de su líder les armó de valor. Pero los otros iban armados con metralletas.

Y descienden los vencidos soldados la pendiente pedregosa hacia al fracaso a amargas cabalgadas. Dejan atrás las caricias perdidas, el valor de la palabra escrita. Rezan desde el pelotón con las piernas cansadas. ¡Qué misterio tan alto y doloroso la purga del alma con el cuerpo! Astillas son los pájaros en el aire y se clavan en los ojos. Y alzan la vista para preguntar a dónde se marcha desde el cuerpo la caricia. Y si se queda, ¿nos construye? ¿Nos puebla, subterránea, la cóncava avenida que vertebra nuestra espalda? ¿Es humus en la dermis de un incendio que da calor al hueso?;¿es interna y latente trashumancia?;¿o es sedimento de la vida de los otros que nos habita a modo de esperanza?

lunes

Mecheros


Si el odio es un sentimiento ardiente, 
Que arda esta cama
Que se graben al rojo 
tus huellas dactilares en mi espalda.
Que incineren esta locura
En el crematorio de tu entrepierna.
Quémame con el calor
De tu pasión encendida,
Vamos a danzar entre las llamas
Hasta convertirnos en ceniza,
Hasta implosionar 
entre estocadas de oxígeno puro,
Hasta desintegrar estas cuatro paredes 
a base de gemidos inflamables.

miércoles

Hadas de cuento

Hubo una vez

Una princesa sin sangre azulada
Encerrada en una torre
Y desprovista de corona,
Que contaba ovejas de humedad en la pared.
Se le habían descolgado las ideas,
(le quedaban ya por el ombligo)
Y que entre los pliegues de la noche
Guardaba todos los sueños del mundo.
Envuelta en protocolos,
Sentada aguarda en su sillita de oro,
Pensando tal vez en el rey de las islas esmeralda,
En cuyo imperio siempre duerme el sol.
Una tarde cualquiera de un martes cualquiera,
Desvestido de realeza cuerpo y alma,
Cota de malla agujereada
Y espuelas oxidadas,
Paje embutido en harapos
Rocín famélico
Tras tantos viajes psiconáuticos.
Pisoteando la conciencia de estar existiendo
Mira con la incomodidad de la cabeza torcida
A la de los ojos castaños.
¿A quién se le ocurre vivir en un séptimo sin ascensor?
Y jadeante maldice
A todos los Ulises y a Calderón de la barca
Y a todos los productores de cine americano.
Se despierta la madrastra
¿y ahora qué?
Él morirá y ella morirá,
Y un día morirá el corcel que cabalgó millas
Y se borrarán las millas cabalgadas.
Morirá después la torre y también la heladería de la esquina,
Y sepultarán las piedras los sabores del verano.
Después morirá la estrella que alumbró todo esto.
Y mientras, en otros mundos
Otros Él cabalgarán millas
Mientras otras Ella duermen la espera
Entre sábanas de 75% algodón.

jueves

Se rompa el mundo

Un punto. Al trote un perro negro, creció ante mi vista. Un aullido. Manada de lobos. Se acercan, hocicos al aire olfateando la pudredumbre de vidas pasadas. Su ladrido es mi aplauso. Cascadas de fauces se hunden en la carne. Lenguas ásperas serpentean. Sangre fluyendo, desplegando muchas crestas. Olas. Una de cada tres rompiéndose, salpicando. Tinte bermejo, olor a óxido y a sal. Muerte. Cadáveres en la arena, ojos en el suelo. Aquí yace el cuerpo del hombre. De todos los hombres. Arena suelta y trozos de conchas calzan sus pies. El pelo le flota en el aire. Huye el sol. A través de las arenas de todas las playas, seguido por la espada flamígera del viento, hacia tierras de poniente. Cuerpo inmóvil. La parálisis general de los alienados. Cuerpo lánguido, blancoespumademar, rielando sobre la sombría marea. Puesta de sol con sabor a ceniza.

martes

Caras largas

Había una vez un país donde no existía el dinero, todo se compraba y vendía con sonrisas.
Todos sus habitantes acabaron arruinados; ninguno de ellos quería compartir su riqueza.

jueves

Interrail



Noches como éstas,
Con París al fondo de las botellas
Y Manhattan derritiéndose
En los hielos últimos de la Ginebra.
Milán surgiendo
En el cristal de bronce
De una nueva copa,
Londres bajando por los escotes
De las camareras,
Y Venecia, OH Venecia,
Naciendo, llameante,
En el Crepúsculo de cristales y
músicas de un nuevo brindis.

domingo

Ortografía

Sentada en el punto de la i
De un mal poema,
Te miro.
Llegas lleno de interrogaciones,
Pongo un signo de exclamación
En tu cintura,
Con faltas de ortografía
Sobre el cabello,
Con la diéresis, del pecho,
Insinuante.
En la primera coma
Te paras y me miras,
En el segundo diptongo
Te atreves a besarme,
Y luego puntos suspensivos,
Y después punto y aparte.