Hoy es una de esas noches
en las que el cielo tiene varicela
y me escuecen los ojos de tanto mirarlo.
Hoy es una de esas noches
en las que los gatos no se cansan
de vomitar versos
para embargarle el corazón
a alguna quinceañera descuidada.
Hoy es una de esas noches
en las que las muertes
son bruscamente hermosas
y revienta de verdor
el cáncer de hierba de la pradera.
lunes
jueves
No hace falta que te quedes, pero vuelve.
Y ahí se quedaban, estirando el tiempo, confundiéndose piernas y brazos, escondiendo el rostro entre sus dedos y sus labios, esperando encontrarse el uno en los sueños del otro. Se soñaban, y pasaban de los sueños al amor y del amor al sueño, y llegaban tarde a todas partes. Y viernes, sábado, domingo. Sueños, caricias, cama, cama, los vecinos de al lado golpeando en la pared, y más cama. -¡Qué sabrán ellos lo que ocurre entre las nubes de tu pelo y bajo la cascada de tu ombligo!- La misma habitación, el mismo aire, misma cama, misma almohada, la misma luz entrando por las rendijas de la persiana. Y después llegaba el lunes, con la puntualidad de los trenes ingleses. Entonces tocaba levantarse, sentir el peso de los huesos, de todos los días de su vida, de todos los pasos de todos los días de su vida. -No, no gritaré... Extenuado, no puedo más. Puedo, puedo algo, esperar, desear que llegue el día, no elegir no ser.- Y tomaban diferentes sentidos. Ella marchaba por su izquierda, dejando tras de sí un rastro perlado. Él giraba hacia la derecha, dándose de bruces contra el cristal de esa pecera, de "la cite de l´amour",el cristal de la "cite" de la inmundicia y la cochambre. -"Háblame de París". París huele a croissant y a azul, a interminables piernas y a faldas cortas en verano, y en invierno huele a lluvia y a gris y a abandono.- La entresemana es la realidad ¿o es un sueño? Anyway, no podía hacer más que enfrentarla con suspiros y patadas a las latas, quemando las alas a las polillas con un cigarrillo en su lecho de muerte. Y llegaba la noche y ahí se quedaban. Cada uno en su cama, cada uno en su habitación, cada uno en su París, abreviando el tiempo, creciendo las ganas, soñándose el uno al otro.
miércoles
El discurso fanático de su líder les armó de valor. Pero los otros iban armados con metralletas.
Y descienden los vencidos soldados la pendiente pedregosa hacia al fracaso a amargas cabalgadas. Dejan atrás las caricias perdidas, el valor de la palabra escrita. Rezan desde el pelotón con las piernas cansadas. ¡Qué misterio tan alto
y doloroso la purga del alma con el cuerpo! Astillas son los pájaros en el aire y se clavan en los ojos. Y alzan la vista para preguntar a dónde se marcha desde el cuerpo la caricia. Y si se queda, ¿nos construye? ¿Nos puebla, subterránea, la cóncava avenida que vertebra nuestra espalda? ¿Es humus en la dermis de un incendio que da calor al hueso?;¿es interna y latente trashumancia?;¿o es sedimento de la vida de los otros que nos habita a modo de esperanza?
lunes
Mecheros
Si el odio es un sentimiento ardiente,
Que arda esta cama
Que se graben al rojo
tus huellas dactilares en mi espalda.
Que incineren esta locura
En el crematorio de tu entrepierna.
Quémame con el calor
De tu pasión encendida,
Vamos a danzar entre las llamas
Hasta convertirnos en ceniza,
Hasta implosionar
entre estocadas de oxígeno puro,
Hasta desintegrar estas cuatro paredes
a base de gemidos inflamables.
miércoles
Hadas de cuento
Hubo una vez
Una princesa sin sangre azulada
Encerrada en una torre
Y desprovista de corona,
Que contaba ovejas de humedad en
la pared.
Se le habían descolgado las
ideas,
(le quedaban ya por el ombligo)
Y que entre los pliegues de la
noche
Guardaba todos los sueños del
mundo.
Envuelta en protocolos,
Sentada aguarda en su sillita de
oro,
Pensando tal vez en el rey de las
islas esmeralda,
En cuyo imperio siempre duerme el
sol.
Una tarde cualquiera de un martes
cualquiera,
Desvestido de realeza cuerpo y
alma,
Cota de malla agujereada
Y espuelas oxidadas,
Paje embutido en harapos
Rocín famélico
Tras tantos viajes psiconáuticos.
Pisoteando la conciencia de estar
existiendo
Mira con la incomodidad de la
cabeza torcida
A la de los ojos castaños.
¿A quién se le ocurre vivir en un
séptimo sin ascensor?
Y jadeante maldice
A todos los Ulises y a Calderón
de la barca
Y a todos los productores de cine
americano.
Se despierta la madrastra
¿y ahora qué?
Él morirá y ella morirá,
Y un día morirá el corcel que
cabalgó millas
Y se borrarán las millas
cabalgadas.
Morirá después la torre y también
la heladería de la esquina,
Y sepultarán las piedras los
sabores del verano.
Después morirá la estrella que
alumbró todo esto.
Y mientras, en otros mundos
Otros Él cabalgarán millas
Mientras otras Ella duermen la
espera
Entre sábanas de 75% algodón.
jueves
Se rompa el mundo
Un punto. Al trote un perro negro, creció ante mi vista. Un aullido. Manada de lobos. Se acercan, hocicos al aire olfateando la pudredumbre de vidas pasadas. Su ladrido es mi aplauso. Cascadas de fauces se hunden en la carne. Lenguas ásperas serpentean. Sangre fluyendo, desplegando muchas crestas. Olas. Una de cada tres rompiéndose, salpicando. Tinte bermejo, olor a óxido y a sal. Muerte. Cadáveres en la arena, ojos en el suelo. Aquí yace el cuerpo del hombre. De todos los hombres. Arena suelta y trozos de conchas calzan sus pies. El pelo le flota en el aire. Huye el sol. A través de las arenas de todas las playas, seguido por la espada flamígera del viento, hacia tierras de poniente. Cuerpo inmóvil. La parálisis general de los alienados. Cuerpo lánguido, blancoespumademar, rielando sobre la sombría marea. Puesta de sol con sabor a ceniza.
martes
Caras largas
Había una vez un país donde no existía el dinero, todo se compraba y vendía con sonrisas.
Todos sus habitantes acabaron arruinados; ninguno de ellos quería compartir su riqueza.
Todos sus habitantes acabaron arruinados; ninguno de ellos quería compartir su riqueza.
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